1 de noviembre de 2024

44

El día 29 de este mes de noviembre del año 2024 serán 44 vueltas completas alrededor de este sol para mi cuerpo. Qué extraña cifra. Qué significa. Ha pasado un tiempo considerable, por un lado, y por otro, tal vez, o tal vez no, me queda tiempo para seguir escribiendo. En qué he gastado todo este tiempo que me ha sido concedido hasta ahora: escribiendo. Miento, he llevado a cabo otras cosas. Pero todo parece como que sólo he hecho eso. Comencé a escribir literatura de manera regular a los 25 años. Antes de eso anotaba frases más de corte filosófico en cuadernos de derecho. En los márgenes. Frases hacia abajo, hacia arriba, entre las líneas, arriba de la página y abajo. Antes de eso, cuando era una niña, escribía pequeños cuentos de manera esporádica. En la adolescencia también escribía frases en los cuadernos de la escuela, que manifestaban sobre todo mi necesidad de libertad de ese sistema estructurado que ya los últimos años me hicieron casi perder la cabeza. Pero no la perdí, creo. También tenía clases de piano, de guitarra, y otras actividades, era una especie de pulpo extravagante. Pero creo que no perdí la cabeza. No estoy segura. En 44 años estoy segura de pocas cosas. Eso es lo bueno de cumplir años, darse cuenta que el tiempo avanza rápido y que todo ha sido en definitiva una vorágine donde a veces no es posible sacar cosas en claro. Comencé escribiendo poesía, la prosa vino después. Ligaba literatura a poesía. Luego tuve la necesidad ineludible de organizar el caos, y comencé a escribir novelas. En realidad lo que hacía era ir describiendo todas las aventuras a las que me enfrentaba cada día en esa existencia insólita en que estaba implicada. Un mundo que me parecía cada vez más raro. Los últimos meses de esta novela que llevaba tres años fueron oscuros e injustos. Resolví instalarme en otro continente, para reflexionar con la cabeza despejada, ser feliz, y abocarme al único sueño que he tenido realmente en esta existencia: ser una escritora. Bien. Entonces, esa ha sido mi ocupación principal. He escrito, no hay duda. 80 libros, en casi 20 años. Bien. He aprendido cosas, aunque las certezas son difíciles. Cuáles certezas tengo: ninguna. He escrito, eso sí. Es lo que quería hacer. Estoy tranquila por ese lado, pero cuán tranquilx está unx en esta existencia vertiginosa. Tengo todavía muchas cosas por escribir, infinitas cosas, eso es lo que más me emociona, que cada libro me indica nuevas cosas que necesito decir. No sé si necesidad sea la palabra. Sí, esa es. Escribir es una necesidad. Vital. Eso es, cuando llevo días sin escribir comienzo a sentir que me falta el aire, y ya no puedo respirar bien. El cerebro se va poblando de estratagemas y metáforas que precisan salir. Pero no es sólo eso: tomé el compromiso conmigo misma de incidir en algo. Los compromisos con unx mismx son importantes, y en ocasiones difíciles de cumplir. ¿He incidido en algo? No tengo ni idea. Pero ha sido un recorrido interesante. A ratos a la deriva, a ratos muy a la deriva, a ratos completamente a la deriva, a ratos sólo conocía la palabra deriva. Bien. ¿Y ahora? También. No se puede estar cómodx en este oficio. Ya lo dijo David Bowie en relación a la creatividad. Si te sumerges en el lago y tus pies tocan todo el tiempo el suelo: mala cosa. Bueno, mi existencia es esta metáfora al pie de la letra, mis pies no han tocado realmente el suelo del lago, porque involuntaria o voluntariamente siempre estoy en lugares donde no llegan, a menos que me hunda, pero luego tengo que respirar. He optado por una existencia al límite porque en esa tensión nacen los versos. Voy creando cuanto grupo se me cruza por la cabeza, con un ánimo y una ilusión chispeantes, creo firmemente que en la unión está la fuerza, y en las palabras. He dedicado 44 años a estas convicciones, que han ido tomando fuerza con el tiempo. Una gran fuerza. Estoy tranquila. Bien. O yo tengo la sensación de que tienen fuerza, cómo saberlo. Cómo se mide esa fuerza. ¿Es necesario medirla? La verdad es que no. El todo presente es lo importante. Algo fantástico que veo en estos 44 años es lo siguiente: el todo presente. Tengo muy buenxs amigxs, una familia maravillosa, amo, me aman, y comparto la alegría. Tengo mucha música. Que comparto. He llevado a cabo una existencia humilde pero decidida. Una existencia en gran parte en los márgenes. Es donde más me siento a gusto. Me preguntan seguido por qué no publico en editoriales que no sean la mía propia mis libros. Imprimo pocas copias y las regalo, además de subir en libre acceso mis libros en una página, y es que estoy concentrada en lo que tengo por decir. Tal vez llegue esa inquietud, o alguien podrá hacerlo en alguna otra ocasión, tal vez, cuando yo haya dejado de escribir porque el corazón ya no late para nada, cuando llegue ese final que siempre llega, de eso no tengo dudas. Pero no estoy pensando en eso. En el todo presente intento organizar las ideas en forma de caos que batallan en mi cerebro. A medida que avanza el tiempo tengo más y más cuadernos alrededor. Comencé con uno, años atrás, y ahora son al menos quince simultáneos, donde voy posando con amabilidad cada esbozo que se crea en mi espíritu, como ir atrapando mariposas al vuelo. Redacto con cariño, porque poder pensar e imaginar es lo más valioso que tenemos. La creatividad es todo y nunca puede apagarse. Por eso voy buscando inspiración en todo lo que me rodea y que voy amando cada día más. Profundizo, para amar más. Vibro con la persona que amo, con todxs quienes quiero, con todxs esxs autorxs que me dejan volando de felicidad ante las revelaciones, Beauvoir, Arendt, Bolaño, Rancière, Mistral, Woolf, Illouz, Hooks, Barthes, Lispector, Cortázar, Flaubert, y tantxs otrxs, con la música, la ópera, el cine, el teatro, y toda esa belleza que se me presenta, con este río hermoso que tengo frente a mi ventana y que significa para mí la vida entera que se va desplazando cada día frente a mis ojos. Guardo un lugar especial para los pájaros, y los pequeños mamíferos que encuentro a veces. Los árboles también me hacen muy feliz, y la ciudad, adoro la ciudad, recorrer las calles no me cansa jamás. Adoro esta ciudad. Tengo suerte. Vivo en un lugar donde no quiero escapar. Conocí esa sensación de la ambición de la fuga en otros momentos de mi vida, en casi todos. Creo que nómade es una palabra que se ajusta perfectamente a mi naturaleza. Luego está el feminismo: un antes y un después. No podemos imaginarnos cómo se va a modificar nuestra existencia conversando con otrxs, leyendo a otrxs, publicando a otrxs, compartiendo unas interrogantes y unos intentos de respuesta. Pero el resultado se acerca a la alquimia. Una transformación completa. He querido ahora, a mis 44 años que se avecinan, integrarlo todo. Me reencontré con un ser humano poético que me ha hecho reflexionar mucho, y que causa en mi cuerpo y en mi espíritu una sensación que nombraré por el momento felicidad, siempre acompañada de vértigo, ese que nunca podemos sacarnos de encima porque nos constituye. Sé que ahora debo integrarlo todo, que es ese momento. Ese caos gigantesco de cosas que me componen. Creo que la integración también se acerca a la felicidad. No tengo dudas que venimos a este mundo para ser felices, nada más. Lo complicado es encontrar ese motor que nos va guiando. Para mí es la literatura. Cada frase es un gozo, al leerlas, al anotarlas. No tengo dudas ya de que nací para eso. Bien. Las 44 primaveras no han sido entonces en vano. He conocido el amor y la literatura. Lo único que me interesa es el presente. 

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