2 de noviembre de 2024

Integración

Tal vez debamos comenzar a integrarlo todo para alcanzar lo más alto: la persona poética. En qué consiste esta persona. Unir los bordes para despertar. Una ventana al presente. Sentir el rocío de la mañana, darle un nombre cercano a la algarabía, un alboroto tranquilo, como la niebla estacionada cuando nos sume en un estado de nostalgia propositiva. La persona de las grandes explanadas que no teme a la altura. La sensación otoñal del descanso sagrado, que contiene lo inquietante impreciso. Redactar cartas de amor que describan con exactitud la belleza. Troy me eleva por sobre mis ideas preconcebidas. El amor es ese reflejo que toma la forma de una visión amable de nosotrxs mismxs. Cuando es amor nos devuelve zonas no exploradas que son un potencial bondadoso, un potencial creativo. Cuando no es amor nos confunde y nos llena de dudas estériles. Porque las dudas tienen una razón de ser. En ese descubrimiento navegamos, hacia nuevos horizontes. Lo desconocido es lo que va abriendo camino. Ese reflejo borroso va tomando forma como se construye un poema. La biblioteca nómade de Troy fue una guía para mi alma. Los libros reunidos en territorio pasajero. Alcancé entonces una verdad: encontraré la literatura en el movimiento del espíritu, pero en la permanencia de las palabras. Supe en ese momento que esa revelación me perseguiría como esas ideas persistentes que nos abrazan. Que nos dan un terreno seguro, algo a qué aferrarnos aunque todo sea dudas. Las dudas tienen que intervenir en su justa medida, para que tomar las maletas se concrete. La parálisis no es amiga de la creatividad, sino de la infertilidad. No comprendí en ese momento la integración de esa biblioteca. Ahora lo veo más claramente, ese esbozo que estaba trazado ahí de la persona poética: la noción clara de lo efímero de la estadía y de lo profundo de los mensajes cifrados en frases organizadas en verso. La poesía es lo que nos da la altura. Poesía es lo que perdura. La insistencia en identificar lo que brilla en cada persona. Sólo puede funcionar la estructura si las personas son fines y no medios. No he venido a perder mi tiempo. La complejidad es lo que me da la certeza de que no ha sido en vano el tropel constante de dudas. Reflexionar y amar se encuentran en la espontaneidad. Se encuentran en la obstinación. Ambas acciones abren un abismo. Pero no es insalvable. Contienen una promesa en el presente. Una promesa que va renovándose. Una posibilidad de perdonarnos a nosotrxs mismxs y a los demás. La persona poética es múltiple. Se nutre de la exaltación incesante, mientras agradece la serenidad de un atardecer en silencio. La persona poética se nutre del silencio que alimenta, porque hay el silencio que corroe. La impunidad que corrompe. La persona poética crea una lengua nueva a partir de cada diferencia. La persona poética es música que nos remece. Los libros son los que nos dan como ladrillo en la cabeza, como quería Kafka. Nos dan la intranquilidad de seguir buscando, sin desesperanza. El desasosiego justo para seguir la cruzada sin hundirnos. A ratos nos hundimos. Conozco bien esa sensación y la miro de frente cuando quiere aparecer. No vas a alcanzarme, le digo. Tengo cosas más importantes que hacer que entregarte mi existencia. Entonces recorro las calles con premura y busco respuestas con más ahínco. Así han nacido grandes rasgos de empatía y el concepto de resistencia. La persona poética hace frente a las grandes preguntas con sencillez, pero con aguda determinación. Los fragmentos de un discurso se van uniendo con ánimo de utopía. La persona poética ya existe.

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