Para Oso, Aldo, Juan Eduardo, y mis amigxs del presente.
No soy muy amiga de la nostalgia, prefiero el presente. Recurro a ella sólo cuando es estrictamente necesario. Cuando tus amigos han partido antes de lo previsto, a veces es inevitable compartir con ella a ratos. Personas con las que vibrabas tan alto. Les dedico ese tiempo porque tal vez quedaban cosas por decir, o no. Cuándo acaba una conversación. ¿Acaba? Siempre se pueden decir más cosas. A veces no es necesario. A veces sólo es necesario juntarse y bailar. Como cuando veo a Juan Eduardo. Conectarse con el ritmo que libera. La primavera tiene un filo doble. Nos extrae del frío, pero el calor todavía no termina de llegar. Es una promesa. Llegará el calor. Tomará posesión del presente. Pero el calor nunca se queda. Va y viene. Como las olas del mar. El amplio océano. Todos nosotros compartimos ese vaivén del milagro. El que te mantiene en ascuas. En el presente eterno. La nostalgia son esos clímax suspendidos. Esos clímax que quedan fijos en el tiempo. Esa energía que te dio vida, y te destruyó. Pero ya no sabes cómo sacártela de encima. Porque su materia es densa como el fierro y al mismo tiempo etérea y se desvanece entre las manos. Se desintegra como nubes en el viento. La nostalgia es la certeza de todo lo que ha acabado y ese presente que por ese instante es sólo una promesa. Para qué recordamos. Con qué nos conecta. ¿Con las posibilidades del presente? ¿Con lo que no estamos haciendo, a pesar de la pasión oculta que todo puede crearlo? Quiero ser amada, dice St. Vincent: I wanna be loved. You got to pay your way in pain, dice. Tienes que pagar tu camino en el dolor. Esa es la verdad oculta de la vida. La que no se dice a viva voz. De eso se trata la nostalgia. La noción implacable de que no todo puede ser euforia. Está la euforia y está el desgarro. También está la nostalgia, que es más suave, pero también implacable. También inevitable. Porque está ese lado difícil que va con nosotros. Todo lo que no teníamos idea que iba a llegar. Para bien o para mal. Existir es una serie de imprevistos organizados. De sorpresas, agradables o espantosas. Y la maldita impotencia de lo irremediablemente perdido. Y la potencia de lo que desembarca cuando estamos a punto de lanzarnos desde la proa al agua porque la existencia se vuelve un laberinto del cual creemos no poder escapar. O más bien cuando la retaguardia no encierra una posibilidad de salir porque la puerta está cerrada. Se abre. La cara oculta de la nostalgia es la esperanza de ese calor que termina por llegar. Para luego esfumarse. Prefiero vivir el calor que llorar luego por lo que nunca pudo llegar porque mi alma estaba cerrada. Mi alma está siempre abierta a la euforia. Porque la euforia es la verdad secreta de la vida. Esa explosión desde donde nace toda creatividad. Toda obra nace de una explosión suspendida, fija en el tiempo. Por eso atesoramos la euforia, y por eso existe la nostalgia, porque sabemos que eso fue lo que nos mantuvo en vida. El amor y la amistad que se ha ido manifestando en el camino. El sentido de toda vida. La fuerza del deseo. El verdadero deseo es nostalgia porque sabemos que es fugaz como una estampida que desaparece de nuestra vista luego de dejarnos suspendidos. Estamos compuestos de euforia suspendida. Lo que yo obtuve de Oso y de Aldo fue euforia suspendida. Lo que obtengo de Juan Eduardo. Pequeños encuentros con lo que vale la pena. Vivírselo todo. Porque un día se acaba. Un buen día se acaba, y mi deseo es expandirme. Transformo el dolor en euforia. Porque eso es lo que se aprende agradeciendo. Por eso escribo. Escribir es una forma de agradecer, esa euforia que está dentro de uno. Porque no llegó sola. Alguien la trajo. Alguien la sigue trayendo. Alguien comienza a traerla. Si no es una persona, es otra, siempre hay personas que están ahí ofreciéndote la euforia con cariño. La nostalgia tiene que durar poco, para ver a esas personas que están ahí con los brazos abiertos hacia ti. Esperando. Acompañando. Riendo contigo. No creo en la nostalgia porque aprendí el agradecimiento. Tengo amistad y amor en el presente. Me doy el trabajo cotidiano de verlo. De poner atención a toda la euforia disponible. Convivo con personas hermosas. Con almas sublimes que admiro. Y agradezco. Agradezco la euforia completa. En su versión pasada, presente y futura. Vivir es generar la euforia, dejando salir la pasión que está almacenada en el alma. Lo que aprendí y aprendo de la gente sublime que me rodea es la pasión. Los sesenta libros que he escrito es la historia de la pasión. La voluntad de crear euforia que llegue cada vez más alto. Cada vez más alto. No hay tiempo que perder. Existir es una oportunidad que no hay que dejar pasar me parece. Han querido nombrar esa euforia de distintas maneras a lo largo de mi vida. Al escribirla, la nombro yo misma. Porque finalmente me pertenece. Es mi vida, ¿no? Todo ha sido porque nací con un alma de fuego y me encontré con otras almas de fuego. Todo ha sido porque hay un sentido. Que a veces estaba oculto. Hoy lo veo muy claro. Se trata de dar cuenta de la belleza, de la bondad. De ser la belleza, de ser la bondad. Lo que siempre quisimos fue libertad, y la logramos. Hemos puesto nuestros propios nombres a las cosas. Eso es lo que aprendí de Oso, de Aldo, lo que aprendo de Juan Eduardo, lo que aprendo de todxs mis amigxs sublimes con quienes vivo, con quienes comparto este presente extático. Tengo la juventud y el éxtasis. Tengo la vida. Tengo el milagro. Tengo el agradecimiento, el amor y la nostalgia. Tengo todos los días y su propensión al asombro y al prodigio. Este es el tiempo del Gran Amor, la Gran Amistad y la Gran Obra. Todo en plural porque es mejor. Lo único y lo múltiple son una sola cosa. Somos una mezcla de vibraciones que nos funden con los demás en un solo pulso al unísono en el final de la acción como en un orgasmo. Vivir es conectarse con el éxtasis. Para que nos lleve adonde queremos llegar. Llegar, llegar. Estar, estar. Mantenerse, mantenerse. Burlarse de los obstáculos. De lo que no va ocurriendo como esperábamos. En realidad da lo mismo. El camino se construye con una parte de organización y una parte de azar del más puro. Trabajar duro por los sueños y dar en reciprocidad de lo que se recibe. En ese baile yo he salvado mi vida. Los que partieron van conmigo, en ese baile de las epifanías constantes. Descubrir lo hermoso toma toda una existencia. Eso lo sabe bien la nostalgia, por eso duele. Porque a veces la revelación es posterior. No importa. Todo ocurre finalmente en un mismo momento. Somos todo. Potencial puro. Deseo puro y explosión. Me entrego a esa verdad de la euforia porque es lo más importante que he aprendido. Me lo enseñaron todas esas almas sublimes. Por ellas existo, y para ellas son todos los bailes que vienen. Preparémonos bien, porque siempre sube, siempre sube. La literatura es esa certeza. El resto da lo mismo. El verano es la verdad.
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