Yo quiero un conocimiento definitivo de la vida. No unas certezas que se esfumen cuando estoy desvalida. Quiero verle la cara al presente pero otros días no tengo la valentía suficiente. Vine con un propósito humilde: escribir. Se ha convertido en todo lo que soy y ahora el instante no tiene contornos. A veces no sé en qué lugar de la casa dejé mi alma. Es como que partiera y volviera. Cuando no está existir se hace cuesta arriba. Unos días lo comprendo todo y otros tengo que repasar las certezas que había anotado. Si he pedido mucho no me he dado cuenta. Mi propósito es humilde. Sin embargo difícil. Extraer de la vida lo que no alcanzo a vislumbrar y lo que me ha sido vedado. Mis derechos los conozco. Habrá que inventarlos si todavía no existen. Mi alma quiere estar a sus anchas, tal vez por eso sale de vez en cuando a dar una vuelta. La suavidad del sol de la mañana me acompaña, aunque me sienta a veces vacía. Tarde o temprano habrá razones que tomarán la forma de grandes obras. La miel de mi café es la gloria que me cobija. Tal vez son sólo sueños pero es suficiente. El motor de toda escritura es la necesidad. La mía es implacable. Guía mi mano como un volcán en erupción. Si hay días en que no tengo nada siempre están las palabras. Que toman la forma del amor, el sentido, y todo lo que necesito. Vivo de café, sol, música y palabras. Mi existencia es solitaria pero fecunda. Así la siento. Todos los días unas líneas y mi alma ya no parte. Mi propósito es necesario y humilde.
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