Hace mucho tiempo que sueño con brujas. Que vengan a salvarnos. Me gustaría ser lesbiana tal vez. Me gustaría no sentirme tan atraída por los hombres. No soñar con ellos por las noches. No suspirar por ellos en las avenidas. No detenerme en los semáforos y observarlos. No aullar a la luna y esperar milagros. No tener colmillos de lobo y morder el cuello. No vagar por la noche y encender la estrella. No ir de liana en liana y detenerme en palmeras. No despertar mis sentidos cuando el aroma me alcanza. El perfume de los cuerpos. La marmita y las pociones. Gatos negros y alcobas de castillo. Me gustaría no ser un lobo. No ser un león que ruge. No querer poseerlos a todos. No soñar con cuellos y habitaciones en penumbra. Estoy cansada de los hombres. Me agotan. Sus extrañas maneras me hastían a ratos. No sé si nací para esto. Para una vida de sobresaltos inconducentes. Quisiera estar tranquila en mi salón. O tal vez tenerlos a todos. Olvidarme del tema. Dedicarme a otros pasatiempos. He perdido toda paciencia. Sólo conozco la selva. Volar en escobas. Descifrar signos. No más por favor. Que nos gobiernen las brujas. Que surja algo que valga la pena de este desierto. Quiero ser noches. Y quiero ser brujas. Mañanas plácidas de domingo junto al río. Viajar por la esfera celeste. Viajar por los confines del mundo que todavía mis pies no han tocado. Mis ojos no han visto. Quiero tocar la arena de playas remotas. Descubrir islas. Encontrarme y perderme. En esas islas. Olvidar que fui una mujer. Olvidar mi sed de sudor. Mi sed de mañanas de domingo. Nuevas islas. Ya descubiertas.
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