Viví ayer la esencia del caos, una gran fiesta desordenada y maravillosa. Creo que era lo que mi alma necesitaba. Un gran caos que le recordara a mi cuerpo y a mi mente que en la algarabía está la vida. En la conversación, en el movimiento. En la música y el baile. En la amistad que me ha cambiado la vida. En lo que no tiene forma. En lo que se transforma. En lo que no tiene principio definido ni final definido, porque venía resonando y sigue resonando al día siguiente y los días que vienen después. Emma preparó un apéro fantástico, y luego la fiesta, con Tori y Emma, y las personas a quienes tanto quiero de Lyon. Me encontré con un antiguo amor, que conocí por Tori el año anterior. Me hizo reír mucho. Conversé también con personas a quienes no conocía y me alegró conocer. En el caos está la vida. En lo que llega y se va. En lo que se queda. En lo que perdura. En el esfuerzo que hice estos meses por describir lo que es la vida para mí. Humor y caos. Amistad y feminismo. Amor intenso por la existencia. Tengo cuarenta y dos años y nunca me he rendido. Asimilo la belleza que se me va entregando. Un proceso de alquimia. Cuyo catalizador es el agradecimiento. Llegué a esta ciudad sin conocer a nadie. Me vine a vivir a Europa hace diez años. He forjado lazos que atesoro. Ha sido un camino muy largo. Tal vez el día de ayer fue un hito simbólico de integración e instalación en esta ciudad. Nunca había celebrado el cumpleaños invitando tanta gente. Personas que son significativas para mí, que han estado ahí, de una forma u otra, y me han modificado, a través de los años, o por encuentros que me han marcado, y no olvido. Es emocionante ver que toda la profundidad que uno ha intentado imprimirle a su vida se puede ver materializada en una fiesta de cumpleaños. Parece una contradicción. Pero la profundidad en definitiva es fiesta para el alma. Es algo festivo porque nos llena de vida. Es la música y el baile de la existencia. Lo que le da sustancia a cada segundo en que el corazón sigue latiendo. El mío late fuerte. Por todas las personas que quise, que quiero y que voy a querer. Mi corazón es un gran caos agradecido. Un corazón lleno de amigxs que me completan. Que van dando relieve a esos rincones de mi corazón que están a veces en penumbra. Que van dando fuerza a esos pedazos de mi corazón que a veces se sienten heridos. Es duro ser inmigrante. Pero más duro es no tener amigxs. Tal vez esta novela en definitiva es una novela sobre la amistad. La que está presente en todos los contextos. Incluso en las relaciones de amor. La interacción amistosa es tal vez lo determinante, lo que nos transforma, lo que modifica nuestra alma. Los vínculos amistosos que formamos con otras personas en todas las relaciones que nos esforzamos en construir. Las relaciones se construyen. Con mucha atención y amor. Creo haberme dado el tiempo hasta ahora para crear esas relaciones. Para ir hilvanando con cuidado esos vínculos. Lo he hecho con las personas que se han dado el tiempo de hilvanarnos conmigo, que han sido compañía, escucha, humor y alegría. Amar y cuidar están muy cerca. Esto debiera ser igual para todas las personas, independiente de los géneros, los sexos. Todxs tenemos que amar y cuidar. Construir. Albergar el caos en el alma de la incertidumbre de relacionarse y darle contención. Darle salidas creativas a ese caos que está esperando para manifestarse. Ser humano es ser caos. Un maravilloso desorden ininteligible e incierto. El esfuerzo por hacerlo lo mejor posible. Prometer y perdonar. Dar pasos en la oscuridad y entrar a las grietas que van apareciendo. Las personas que amo son grietas que me van mostrando luz. Que me van mostrando nuevos caminos. He seguido los que mi corazón me dictó. Siempre. Cuarenta y dos años siguiendo lo que el fuego de mi corazón me ha inspirado y el caos de mi alma me ha sugerido. He llegado muy lejos de donde empezó el recorrido. Mi alma henchida tiene espacio ilimitado disponible para nuevas aventuras. Vivo de las aventuras. De cada pequeño fragmento del que se va construyendo mi existencia. Mi vida ha sido una aventura loquísima. Ha tenido amistad y amor a raudales. Porque así he querido construirla. Con el alma de las demás personas. Conociendo el alma de quienes han llegado a mi vida. No he pedido otra cosa que intensidad en los vínculos. Que mostrarse desnudo sin máscaras ni quimeras. Me he mostrado siempre tal cual soy. Alguien que está feliz de existir y de encontrarse siempre con personas tan fantásticas. Todo ha tenido sentido y todo lo que me colma lo convierto en agradecimiento. Lo convierto en palabras. Lo convierto en conversaciones. Lo transformo en historias que quisiera que iluminen el mundo a veces en penumbra. Mi nombre es Lisa y mi estado es un alma de caos llena de música y de baile. Vivir ha sido una gran aventura y lo que viene no será la excepción. La aventura es lo que me define. Soy una escritora curiosa y asombrada. Una escritora en viaje perpetuo. La amistad y el amor lo que le da un sentido a mis palabras. La sustancia de las historias. Las ganas de hacer de este mundo un lugar mejor. Esas están intactas, a pesar de las debacles. Este libro sin forma creo que es el primero de muchos que vendrán. Si he podido modificar un poquito el mundo me basta y me sobra. No he aspirado a nada más. Cada día frases que llevan el sello del agradecimiento. Estos meses de encierro literario han sido el paraíso que siempre soñé. Tiempo que se plegara a los designios del arte. El arte es todo. Los derechos humanos son todo. Contra viento y marea, que siga el viaje y la aventura. El Gran Caos se materializó.
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