Algunas personas creen que el romanticismo es algo tonto o no lo entienden bien. El romanticismo es lo contrario a la pusilanimidad. También es lo contrario a la violencia. El romanticismo rompe con lo plano. Es una manera de existir. Tiene que ver con la imaginación y la valentía. Dice relación con la búsqueda incesante de la belleza de la vida. Saber que puede estar ahí en cada encuentro. Por un lado es simple. Consiste en identificar el amor en cada situación. El real, no el que se obtiene mediante manipulaciones. Tiene que ver con compartir en el tiempo fuera del tiempo. Fuera de lo que se ve a simple vista. Fuera de la pragmático. Fuera de lo evidente. Aspirar a él es perfectamente posible. Se puede incluso ser él mismo. Tiene relación con la conciencia de la libertad. También con la noción de un tiempo determinado sobre este planeta en cuerpo físico. Lo más romántico es la autenticidad. Actuar conforme a tus deseos más íntimos. Encontrarlos y dejarlos salir. Permitirse ser. Hacer. Las palabras vacías no son románticas. Son intentos cobardes que no comprenden la fragilidad de la vida y la belleza. La violencia tampoco tiene nada que ver con el romanticismo. La destrucción tampoco. Sólo la que tiene que ver con transformar el miedo. El romanticismo real no conoce los obstáculos. El romanticismo real es acción y ensoñación. Extraerle a la vida las ganas de mostrarse. Exhibir todos los signos inscritos en el alma. Rendirse ante el reflejo del sol en el agua en una tarde de primavera. La certeza de que la existencia es pura en el ahora. Que lo que es necesario que ocurra debe ocurrir. Dar el paso que nos define para siempre. Todos esos pasos que nos han construido. Amar el deseo.
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