16 de septiembre de 2020

Martes

El martes es un día para escribir, pero sólo por una cosa: todos los días son para escribir. A fuerza de observarlos de cerca se termina advirtiendo a simple vista el destino innato de las jornadas: nulla dies sine linea. Ni un día sin una línea. Simone de Beauvoir dijo: “una mujer escritora es alguien cuya existencia entera está controlada por la escritura”. A fuerza de liberarse es posible darle el control a las líneas. Dame más líneas y haré de ellas una existencia, escribí una vez muy grande sobre una inmensa plancha de madera que aún está colgada en la pared. Aquí viene la encrucijada con la que se encuentran las mujeres que quieren escribir un día martes: no es posible tener seres humanos a tu cargo ni tener que cocinar la comida para la familia. Seres humanos y comidas: nulla linea nulla dies. Ninguna línea, ningún día. Escribir es como una vocación religiosa, y dios, así parece, no quiere compartir. Si te fijas bien, mujer escritora y maternidad comienzan con la misma letra, pero son dos palabras totalmente separadas. Al acercarse colisionan como dos fuerzas opuestas explotando y no logrando encontrarse nunca. No hay reloj biológico que valga: mujer escritora va avanzando y maternidad va alejándose hasta desaparecer. Si te fijas bien, mujer escritora y mantel empiezan con la misma letra pero el día martes tampoco logran encontrarse. Tampoco esparcir la mantequilla o batir la mayonesa, ni siquiera asar la merluza o preparar la mermelada, el martes definitivamente no es el día de ese encuentro para la mujer escritora. Tal vez sí otro día. Sin ninguna duda puede haber otro día. El sábado es íntimo de tajar la mortadela y añadir la mostaza. Por el contrario, mujer escritora y martes a secas se entienden perfectamente. El martes se trata de que nadie te habla. El día martes se trata sobre conversar con los libros y las palabras. En eso se parece mucho al lunes, al miércoles, al jueves, al viernes. Las palabras viven y hablan, como bien lo dijo Virginia Woolf: en el cuarto propio. Las libras hay que proporcionarlas, el martes, y varios de los otros días. Por lo tanto, veamos bien, mujer escritora, martes, maternidad, mantel, monedas: no hay por dónde. Incompatible. Reflexiones finales, si mujer escritora es lo tuyo, procúrate unos martes y sus compañeros, con magnolios (y necesariamente monedas): nada más. Entregarse a la música de las palabras donde todos son personajes y cada ocasión es relato. Como piensas, escribes. En definitiva, nunca soñaste con maternidad ni manteles, ni siquiera pensabas en eso, pero sí con magnolios. La literatura es un llamado esencial, en el que el martes navega como componiendo un verso. La literatura controla al martes y no al revés. Literatura y vida comienzan con letras diferentes pero son una sola cosa. Y mujer escritora en martes universal es libertad y silencio: para escuchar la catarsis.


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