El fin de semana tomo el tren para encontrarme con mi amado. Camino a la estación, compró un billete, subo escaleras y luego el tren viene a mi encuentro. El corazón se acelera porque significa que el momento está cada vez más cerca. Pero antes de llegar frente a sus ojos viene el viaje. Un momento de expansión y de conexión de la música, el paisaje y la vida. La conexión es placer y descubrimiento de la sincronía. A veces un cierto paisaje se ajusta perfectamente a un cierto ritmo, a un cierto grito. Y luego viene la sugerencia. Ese cruce perfecto se casa con una temática, con un recuerdo, permaneciendo unos momentos, para luego dejar el espacio para otras intersecciones. La mente en un modo de apertura. Ese modo es el encuentro con el asombro, con los ojos bien abiertos que dejan entrar a la emoción y ésta se aloja en esos rincones que hacen reír y llorar. Certezas profundas y efímeras. Como sueños, como esas confluencias de los sueños, que nos sumen en profundas reflexiones todo el día. El tren es el espacio fuera del tiempo. Vivo gracias a los espacios fuera del tiempo. El tren, la caminata, la conversación sentados frente a frente. Sus ojos de múltiples colores. Sus aventuras por los Alpes, desde la Côte d'Azur hasta el lago Léman. Kate Bush al unísono con el paisaje móvil. No tengo prisa. Y tengo prisa por marcar los momentos con alguna afirmación que avance, que haga soñar. Mi tiempo me pertenece, lo modelo a mi guisa, lo relleno de lo que me da vida. De explorar mi emoción y la de otros. Mis ideas y las de otros. Mi existencia consiste en explorar y unir. Emociones e ideas. Emociones y emociones. Ideas e ideas. Músicas y paisajes. Ojos y conversaciones. Alma y pasaje. A veces no entiendo inmediatamente las señales, pero tarde o temprano se revelan. Un fin de semana con sol, agua, libros, música, películas, a tu lado, es el tiempo bordado. Tallado a mano para ajustarse al alma. Pintado con delicadeza y entusiasmo para habitar el presente. El sonido del tren me anuncia que estoy viva. Que puedo ir y volver, y estar y quedarme. Y mirar la luna llena y saber que algo intemporal me acompaña al mismo tiempo. Pero que ya no soy la misma. Y que puedo ir y volver, y estar y quedarme. Modelando el tiempo a mi guisa. Pero sabiendo que gran parte del camino ya fue recorrido. Y que no sé cuánto tiempo más me será concedido. Sólo quiero que sepas, si el recorrido se detiene, que soy feliz a tu lado, y que el tren significa el gozo de volar del tiempo y de encontrarte, de pie, firme, sonriente e indicando el hogar de quien se mueve.
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