13 de marzo de 2017

Primavera

Me quedé contemplando un damasco en flor, anunciando la primavera. Tímidas flores rosado pálido. Que luego acogieron, lentamente, a un sinfín de pequeños insectos, de diversos tamaños, que venían en busca de polen. Entonces pensé, embelesada por la belleza de las flores y los botones a punto de abrirse, la estética de las flores, sin embargo, no es lo más importante, sino su función de alimento para otras criaturas. Así como la belleza de las cosas que creamos, más que ser belleza en sí, sirve de inspiración para otros, asimismo como las creaciones de los otros nos inspiran, haciendo aparecer la primavera.

Un ciclo que se repite hasta el infinito, pero dotando nuestra existencia de tubérculos, brazos que nos nacen por todo el cuerpo, para luego independizarse, definitivamente. Y luego ya no podemos siquiera evocarlos. Parten para adentrarse en un ciclo que se sucede fuera de nuestro alcance. Pero queda la reminiscencia de la belleza, y el recuerdo de la inspiración que una vez tuvo lugar. Como las imágenes, que se repiten una y otra vez, en sueños.


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