7 de febrero de 2017

Exultarse en la complejidad de un problema en lugar de buscar su solución, u oda a la locura, o "le non-dit"

El misterio tiene muchas variantes. Es esa posibilidad abierta.
El misterio tiene muchas salidas. Ninguna cierta, ninguna errada.
El misterio nos constituye, y no podemos huir de él.
El misterio tiene mucho de milagro, hace aparecer lo no dicho.
El misterio tiene un ala de fuego, y otra de impreciso y de gloria.
El misterio, en definitiva, nos da alas, con que poder quemar lo monocromo.
Esa monotonía que acecha, la que aún desconozco.
La locura tiene algo de frágil, y de mágico.
Será acaso un antídoto a la monotonía.
La locura nos libera. Nuevas cumbres puestas a nuestra disposición.
Al alcance de la mano. Tan cerca, constituyéndonos.
Lo no dicho está lleno de locura. Supura catarsis.
Qué acontece cuando no todo tiene una solución.
Regocijarnos en las limitaciones, buscando algo que no tiene por qué llegar.
En el mundo de las soluciones, la complejidad es paria.
Pero es tan maravillosa.
Es tan humana.
Si erradicamos la complejidad erradicamos lo humano.
Desterramos al misterio.
La monotonía está hecha de soluciones. Acuerdos fáciles, pero ficticios.
La complejidad tiene un ala de fuego, y otra de magia y de gloria.
De impreciso y de fuerza.
La existencia tiene un componente de magia cuando el acercamiento es amoroso.
El encuentro. De lo inencontrable.
Los opuestos ficticios.
Los acuerdos difíciles. Torcer el brazo al presente y sus circunstancias.
Los encuentros difíciles. Las dudas y la desconfianza lúcida.
La suspicacia lúdica y profunda. El humor como fuerza imperante.
La humildad y toda su belleza.
El respeto al misterio y a lo abierto.
La claridad de la diferencia, a veces insignificante.
Después de todo, lo que queremos es encontrarnos.
Vagar sin rumbo fijo con pequeñas treguas.
Reírnos de nosotros mismos y de toda esa seriedad nociva.
Esperando aplastarnos y vaciarnos de contenido.
Estamos llenos de misterio y de palabras aún no creadas.
Por inventarse, y comenzar el gozo que renace cada vez que las hacemos nuestras.
Que las pensamos. Que las sentimos.
Esas nuevas palabras que no podemos decir, pero que están ahí.
Una intuición vital que despierta.
Cada vez que dejamos a un lado la monotonía.
O dentro de ella, pero llena de matices.
Esas palabras que presiento.
Que se asoman.
Tan llenas de contenido.
Queriendo decirlo todo.
Invocando al desastre y al temporal, y a la locura y al ensueño.
La razón para seguir.
Lo no dicho salvará al planeta.
Esas líneas que vamos escribiendo sin saberlo.
Que está todo escrito, alguien pensó, pero se equivocaba totalmente.
Esas nuevas palabras nos guían.
Y lo que las constituye es la locura, y no otra cosa.
Nuestro ánimo se exaltará, por nuestros afectos y no por nuestros odios.
Quizá todavía tengamos tiempo.
La locura está de nuestro lado.
Y su devenir nos hará grandes, nos hará pensantes y abiertos.
Esas nuevas palabras tendrán una repercusión ilimitada.
Como ellas mismas.
Hoy estamos en deuda con ellas, pero no por mucho tiempo más.
Que ruja el volcán si quiere rugir.
Que la complejidad desbarate todas nuestras soluciones.
Es lo que hemos visto, en todo caso, y eso nunca cambiará.
Si estamos abiertos, y locos, esas nuevas palabras surgirán.
Como música definitiva e imperceptible.
Cambiante e inmortal.
Aunque un día nos alcance la muerte.
Habremos vivido hasta las últimas consecuencias.
No veo otra manera, aunque siempre podremos inventarla.
Ahí reside el misterio, esperando nombrar lo no dicho.
Esforzándose sin esfuerzo.
Amando lo ficticio y todos sus contrarios.
Sin seguridad de haber llegado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario