Se trata sobre ir atando cabos, hilando historias,
uniendo sucesos, encontrando frases, textos, ideas, sobre mezclarlo todo,
separarlo, entenderlo, ver las repercusiones, sobre mirar atentamente, sobre
ser una sola cosa con las palabras, sentirlas, las ideas, las emociones,
verlas, sobre saber, que siempre hay más detrás de las cosas, forzar el
pensamiento, usarlo, utilizar la inteligencia, torcer la mente, sentir los
fenómenos, emocionarse con los detalles. La inspiración está hecha de todo
esto. Y tiene más de cansancio y de hastío que de magia, o, todo lo contrario.
Ambas, la fatiga y la gracia, la desesperación, la desesperanza, y la excitación
y la musa son bastante amigas, aunque se odian. Parecen opuestas, pero se
encuentran. Y la sensación de ese encuentro sólo podría definirla como sentido
vital. Ese encuentro son las palabras mismas, lo que sea que ellas signifiquen.
Aunque el significado cambie cada día. Aunque ellas mismas elijan ser un millar
de cosas, aunque en cada una de ellas detrás de la puerta se esconda un abismo,
profundo, ininteligible, y tan sugerente, y tan condicionado, y absolutamente múltiple
y maleable. Las palabras tienen esas cualidades excepcionales, son máscara y
son tripas, los órganos de miles de millones de seres humanos que las
pronuncian, las hacen propias, las balbucean, las piensan, o simplemente las
enuncian, sin poner atención, queriendo decir algo, a veces sin saberlo
exactamente, o sabiéndolo, pero ocultándolo. Todo es posible con ellas, las
respetamos y las prostituimos, las ensalzamos y las tiramos a la basura, pero
ellas se niegan, se oponen tozudamente a vaciarse de contenido, porque
significan algo, o varias cosas al mismo tiempo, pero algo, al fin y al cabo. Y
cuando las destruimos nos hacemos añicos a nosotros mismos, porque ellas saben
que significan algo, y cual seres cabeza dura, de manera terca y obstinada,
insisten en permanecer, y sólo cuando indagamos en qué quieren decirnos, podemos
nombrarlas con el respeto que se merecen, u ocuparnos de otra cosa hasta
desintegrarnos, y ver el reloj de arena dejar caer su última partícula de
esperanza, lo que se llama: se acabó el tiempo, y el resto es historia.
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