6 de abril de 2025

Mamá

Estamos ad portas del cumpleaños número sesenta y ocho de mi madre. Nació un 11 de abril del año 1957, no sé a qué hora exactamente. Tal vez temprano en la mañana, junto con los pájaros cantando, tal vez en la tarde, a la hora del té, tal vez tarde en la noche, con las estrellas que guían y los cometas fugaces. Nació de una mujer impresionante, Agustina Salamero Riera, mi abuela. Desde muy pequeña el sueño de mi madre fue ser Jacques Cousteau. Ella quería explorar el mundo y conocer los secretos de la flora y fauna del planeta. Terminó convirtiéndose en fotógrafa de aves salvajes y botanista de plantas suculentas. El mundo lo ha explorado, con su mirada cariñosa. Este verano austral nos llevó a todxs a observar aves, su actividad preferida. Lentes largavistas para todxs y un pequeño libro con las aves a observar. Las observamos. Es una actividad fascinante. Vimos juncos y polluelos, un sinfín de especies, y pájaros nadando y volando: era un humedal. Mi madre tiene una energía admirable, y organiza paseos para todxs. Luego nos maravillamos con su inmenso jardín de suculentas, donde hay más de cien especies, una belleza absoluta. Los momentos más felices de mi vida son en esa casa de Isla Negra junto al mar y las suculentas, y en su jardín soñado de Camino La Fuente en Santiago de Chile. Todos los días cuando estoy ahí me siento un momento en ese jardín y observo la vida, siento una inmensa paz y agradezco. Estar con mis padres es un regalo que agradezco cada día. Hay en ese jardín un gran arco de metal forjado con rosas, que mi madre hizo pensando en mí, porque sabe que es algo que me parece alucinante. Mi mamá es alguien a quien le importan los demás. Lxs escucha, lxs quiere, se ríe con ellxs, lxs ayuda. Mi mamá es alguien atenta a los detalles, y a ser una luz en la vida de las personas: lo es. Yo vivo gracias a su luz como un gran faro: me guía en todo. No hay un día en que no le pida algún consejo, le cuente cosas, nos riamos juntas, compartamos la vida, en persona cuando se puede, o a la distancia. Funciono gracias a las palabras de mi madre, que son de una sabiduría que me levanta, aunque los tiempos sean aciagos. Logramos encontrarle el lado humorístico y luminoso a todo. A veces no sé cómo, pero sí: así sucede. Tal vez la valentía es algo que se aprende: yo la aprendí de mi madre. Ella es mi razón para el amor y la lucha. Sin ella yo no sólo no habría nacido, si no que habría perdido hace mucho tiempo la motivación de habitar este planeta: ella me muestra la belleza. Cada uno de mis pasos son en su nombre. Cada uno de mis 100 libros son para agradecerle la oportunidad de la vida, el amor y el arte. Vivir es un arte: se puede vivir de manera mediocre, pero también se puede vivir con respeto por todos los seres vivos y con la frente en alto. Así es como Andrea María Armendariz Salamero ha llevado a cabo su existencia desde que llegó a habitar el espacio a la hora de los pájaros que cantaban tal vez. Tiene además 12 canarios, que siguen reproduciéndose, porque en las manos de Andrea Armendariz todo crece, todo brilla. Tiene dos nietas sublimes que adora, Agustina y Margarita, las luces de sus ojos, y que siempre nos hacen reír. Un marido con quien va caminando a la par desde hace cincuenta años, Francisco Balart, mi padre, alguien de una generosidad sin límites y se acompañan con gran amor. Tres hijos, Andrea, la mayor, yo, Francisco, y luego Felipe. Tres seres humanos que la adoran por sobre todas las cosas e intentan que sea lo más feliz posible, como se lo merece. Si tuviese que decir dos cosas que hacen que mi madre modifique mi existencia cada día: su sabiduría y su humor. He tenido suerte, y estoy consciente de esto. Nací en una familia luminosa y todo lo que he hecho ha sido gracias a ellxs: jamás estoy sola. Madre, en tu día, me reverencio ante tu vida y tu luz y honro cada segundo del tiempo que tengo contigo, cada palabra, cada carcajada, cada momento de paz y serenidad, cada revelación del milagro de estar en este planeta poblado de belleza. Por favor que sigas viviendo hasta los 110 años y cada segundo es mágico por tu estadía en mis días. Sigamos observando aves, suculentas y flores. Sigamos riéndonos de todo lo que aparece con ese sentido del humor que salva. Gracias, gracias, gracias, que siga la luz, la belleza y la vida: muy feliz cumpleaños. 

1 comentario:

  1. Gracias por tu mirada, , por estar ahí, y por enriquecer mi vida

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