29 de enero de 2025

Vela II

Del pantano a la vela. Salir a mar abierto. Navegar por un fiordo. Navegar por el estuario escondido. Es necesario ser otra persona que la que se fue antes para escribir la gran obra. Siempre vamos dejando atrás esos fragmentos de nosotrxs que nos pesaban. Pero yo avanzo y miro atrás, avanzo y miro atrás. Quiero modificar y luego desandar. Retomar lo abandonado. Nunca abandono del todo. Voy atando cabos. Admiro los barcos con luces de colores desde mi ventana. En invierno no hay hojas en los árboles y puedo ver lo que hacen las personas en las grandes salas de baile que circulan por el agua. Cenas en movimiento. Encuentros acuáticos. Pequeños trozos de la fiesta. La fiesta se lleva por dentro. A veces se ve. A veces está escondida. A veces está muy escondida. A veces no se ve para nada. Cada día es dueño de sí mismo. Cada paso de baile en el desierto. En las dunas. Me siento en las dunas y hundo los pies en la arena. Corro cerro abajo como cuando era una niña. Cuidando que la arena no me caiga en los ojos. Me subo a la tabla para deslizarme colina abajo. Que todo sea un juego, es mejor que nada. Un juego mortalmente serio y efímero. Un juego bajo el agua como buceando entre los peces de colores. Un juego en el barco a vela al atardecer. Entre los juncos repletos de garzas negras y blancas con polluelos indefensos gritando. Con islas que no han sido descubiertas. Con remolinos de viento. Es necesario ser otra persona para esa obra desafiante. Para ese cuento sin final. Para esa historia de la intemperie creativa. Para ese deslizamiento de la tierra que hace caer las rocas montaña abajo. Esa colisión del agua contra las piedras que deja espuma. En grandes explanadas identifiqué yo un verso por primera vez. En un viaje por los castillos de Julieta y Romeo. Existen. Yo los vi. Entonces hablé de la pasión. Hablé de la fuerza. Comenzó ese viaje sin retorno. Por los fragmentos de la vida. Hasta que me dije: todo tendrá su lugar en el mismo castillo. Abran las compuertas. Que entre la luz. Que entre la música. El sonido de las olas. El llamado de la energía solar. Traigan los muebles de flores y las grandes bibliotecas. La estadía de la escritora se resume a un tiempo y un espacio disponibles. Se resume a haber conocido el mar. A haber conocido el amor. A haber conocido la risa. A haber conocido los laberintos. A mantenerse en un viaje por los días, sólo rozándolos. Sólo encontrándose con las páginas. El agua es lo que a mí me va salvando. El barco a vela en el puerto zarpando al carrousel de emociones. Lo que quiero es lo que voy definiendo. Todo lo que no puedo obtener. Todo lo que amenaza con destruir la calma que debiese reinar en este mundo. Se confunde pasión con ambición. Se confunde violencia con naturaleza. Cuán lejos estamos de esa tierra prometida. Cuán cerca de esos paraísos posibles. Lo que me interesa es que no todo se vacíe de contenido. Que no todo sean imágenes. Que el río traiga versos verdaderos. Simone de Beauvoir habló de escribir esa verdad. De encontrarla. Voy en la vela con ese objetivo. La intemperie feminista es encontrar esa verdad y decirla a pesar del precio. Encontrar una verdad tiene su precio. Decirla tiene otro precio. Hay que pagarlos todos. Uno por uno. A riesgo de morir sino como copia de la muchedumbre. Como estampida de búfalos que aplastan a los más débiles. A los del margen. Yo nací en el margen del mapa. Me subí al velero. Cuál era el centro. Todo me pareció tan arbitrario una vez comprendí el orden. Todo me pareció que tenía una parte flagrante de falsedad. Desmalecé esa organización para identificar sus raíces. Proliferaba. Se hacía grande. Yo me hacía pequeña. Detuve en seco el proceso. No entraré en este juego. Resolví que el margen era perfecto. Construiría mis propias reglas. No quiero sugerir que se me malentienda, dice Arendt, al contrario, soy muy bien entendida, pero si alguien aparece con una afirmación semejante y quita a la gente sus barandillas –sus firmes líneas de guía- (se habla, entonces, del colapso de la tradición), ¡pero nunca se dan cuenta de lo que esto significa!, y significa que ¡nos hallamos afuera, en la intemperie! Tomé el sur y el norte y observé. Los organicé en el barco con luces de colores. Los dejé afuera, a la intemperie. Ninguno se sostenía. Les sugerí la pista de baile. La duna de arena. El bosque y los animales. Chimeneas con humo iban ocultando el cielo. Detengan el barco, dije. Me bajé. Todo se movía a gran velocidad. Una rapidez supersónica. No podía decantar nada. Me refugié en los bordes. En los bordes de la ficción, como dice Rancière. En la ficción encontré una casa amigable. Cuya estructura era sólida como la arena. Inmensa como la sal. Organicé un hotel en medio del salar, hecho de sal. La sal y el agua reflejaban el color del cielo como un cristal se apropia de la forma de las nubes. Aquí será, me dije. En la intemperie del salar. El hotel se deshizo. Ahora a caminar en la mira. A caminar en el caos organizado. A caminar con las autoras que conocen la intemperie feminista. A inventarla. A imaginar. A crear ese hotel para huéspedes inesperados. Todxs juntxs a la mesa. Todxs juntxs derribando las murallas. Decorando los salones. Plantando las enredaderas. Como el musgo en la piedra. Vamos cantando, cantando. Me instalé en la ficción. La forma que lxs críticxs querían imponer no dejaba espacio para convertir a la historia en historia. La literatura será este gran camino, me dije. Todo será incluido. Todo será inventado. La imaginación, ese es el camino. Voy en la vela e intento inventar la democracia de los versos para que abran camino a las líneas por venir. Todo fue por amor a la democracia. Todo fue por amor a la pluralidad. Todo fue por amor a la igualdad. Todxs sentadxs a la mesa. Voy en la vela y el viento es favorable. La música es la sugerencia. El teatro, la ópera, el cine. Todo fue por la pasión del arte. 

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