19 de julio de 2024

I’m ready for love II

Reírse de unx mismx es una parte integrante de la vida. A mí no me queda otra. Porque si no: difícil. Difícil. Contratiempos. En ocasiones yo misma los genero. Esto se acabó, dije. Luego, no, todavía no, ¿de acuerdo? De las peores cosas de vivir son esas convicciones que se escapan. Todo ha terminado. Y luego no. Lo peor es ser humano. Fragilidad, contradicciones, dudas. Sólo soy una máquina de escribir, y ni así. La vida me alcanza. La fragilidad, las contradicciones, las dudas. Invaden mi literatura, que es lo mismo que mi vida, porque escribir y vivir es exactamente lo mismo. Tal vez sólo vivo a través de textos ahora. Sólo soy una novela. Mi materialidad es dudosa. Soy ideas en un cuerpo. Se desplaza, lo sé. Lo he visto. Lo sigo a veces. Hasta dónde quiere llegar. Lo observo. Sé que es el mío, pero ahora sólo sabe a palabras. Escribo porque amo. A veces pienso que amo porque escribo. Como si todo estuviese mediado por las palabras. Las novelas. Una hilera de personajes que me hacen vivir. Que le dan sentido a mi vida. El catorce de julio era domingo. Fuegos artificiales. Bailamos. Le pedí a Emma que fuera a conseguir el teléfono de alguien que observaba desde lejos. Emma es una buena amiga, y fue. Le escribí, al teléfono que me trajo. Porque sólo soy una bestia sedienta de inspiración. No puedo dejar de crear escenas de novelas. Para eso vivo. Escribir es todo. Amar es otra cosa. Es algo. Algo enredadísimo. Peor que ser humano. Con ser humano ya tenemos suficiente. Y luego amar. Otra cosa. Algo imposible simplemente, amar, Amar. Yo quiero hacerlo, creo. Y luego los teléfonos, los mensajes, los naufragios, los barcos de colores. Me voy a proponer algo: sólo amar. Qué frase más vacía. De qué se trata. Tiene que tener un contenido específico. Yo quiero amar. Y eso puede significar cualquier cosa. Toma distintas caras. Amo a dos personas. Espero. Sueño. Escribo. Sobre todo, escribo. Reflexiono. Camino. Imagino. No sé qué. Imagino algo vacío. Algo que no tiene un contenido particular. Como si fuese algo por escribirse. Mientras vivo. Vivo todo el tiempo. El presente toma la forma del amor y la literatura. Las palabras son flexibles. Como mi cerebro. Como mi corazón. A veces digo algo y me causa gracia. No creo que mi cerebro y mi corazón sean flexibles. Me gustaría que lo fueran. Mi cerebro sí, supongo. Cuando alguien entra en mi corazón se queda tatuado en las cavidades. Las invade todas. Amo sin límites. Amo muy pocas veces. Pero mi vida entera es vendaval. Gran calma. Amar es reflejarse en la vida. Como en un lago. Observar tus facciones que se transforman. Cuando el amor es real se siente. Amo muy pocas veces. Mirando esa inmensidad. Esas puertas del paraíso. Que terminan en montañas rusas y precipicios. Nunca aprendí realmente a vivir. Imito a la vida. Voy describiéndola para saber si puedo sacar algo en claro que me salve. Algo que me guíe. Cuando todo se oscurece. Cuando no amo. Se me viene la vida encima. Quién eres. Le digo. A qué vienes. Qué esperas de mí. Cada día esperándote. Cada día viviéndote. Para qué. Qué me traes. Qué te llevas. Por qué me exiges tanto. ¿Podré escribirte?, le pregunto. Realmente quiero saber: ¿vas a seguir mi camino? Como Lenny Kravitz. Sigo, sin embargo, sigo. Sigo mi camino a consciencia. No tomo atajos. Tampoco sé amar con rodeos. Amo directamente. Me presento ante el amor con mi infinidad de contradicciones, pero con esperanza. No sé exactamente en qué. En colinas que me indiquen que hay un mañana. Que el encuentro con cada palabra va a encender algo en mi alma. Lo importante es que yo sé que la vida es como este verano. Como el sol, y el calor. No sé exactamente qué es amar, pero lo hago a mi manera. Creativa. Quizá no ha servido para nada. Sólo para crear libros. Tal vez sólo sirvo para eso. Si se va a recordarme de alguna manera, quisiera que fuera así: como una escritora, que redactó libros, y quiso amar. Realmente quiso amar. Cada día. Siempre estuve lista para amar.  

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