23 de mayo de 2022

La enredadera

Un día cavamos un agujero en el jardín e hicimos un lago. Un gran agujero, un gran lago. El agua desbordaba por uno de sus costados, y caía por una cascada de rocas. Mirado desde arriba tenía la forma de un corazón, como los que dibujamos, no los de verdad. No es lo mismo. Como el del dibujo de un niño. O un adulto. Sin venas, ni arterias. Sin sangre. Un solo trazo con formas redondas. Así era el lago. Era agradable caminar por la orilla, al atardecer a comienzos del verano, cuando el viento cálido da en la cara y el pelo ondula y uno cree que vivir es eso nada más. También adoptamos un gato. Para que corriera por el borde del lago intentando atrapar las abejas que se paseaban por allí en busca de agua. Las libélulas. Los pequeños insectos de formas extrañas. Pero jamás una pata en el agua, se inclinaba cuidadosamente acercando la cabeza para beber un poco sin apenas tocarla. Para qué sumergirse entero si se puede probar un poco. Y evaluar. Y evaluar. El gato no dejaba de evaluar. Y yo de mirarlo. Por horas. Perseguir al viento. Las pequeñas partículas blancas de los dientes de león. Llegado el momento una enredadera comenzó a crecer por los bordes del lago. Fue subiendo imperceptiblemente por la colina hasta alcanzar la casa. Luego los márgenes de la casa. Sin previo aviso entró por una fisura del muro y comenzó a recorrer el salón hasta la cocina. Envolviendo los platos y las tazas. Los que no se habían volado con el viento. A fin de cuentas, luego de un tiempo indeterminado había invadido la casa entera. Parecía un cuadro de Ernesto Barreda. Terminó entrando por nuestras gargantas y tomando las palabras que queríamos poner en juego para la conversación. Conversaba ella sola. Se abastecía a sí misma. No le importábamos en absoluto. El gato ya ni entraba para no tener que mirarla a los ojos. O escuchar sus monólogos. Ella misma terminó por aburrirse. Volvió al lago. En busca de nuevas ideas. Estaba dispuesta a todo. Nos tomó del cuello y nos sumergió en el agua. No teníamos las autorizaciones adecuadas. Nos faltaban los mecanismos. Ahí nos quedamos. Bajo el agua. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario