“Al pobre Andrés
le había tocado justo la generación anterior y no parecía entrar en el jerk y
el twist de las cosas, por decirlo de alguna manera, el muchacho todavía estaba
en el tango del mundo, el tango de la inmensa mayoría aunque paradójicamente fuera
esa inmensa mayoría la que empezaba a decir basta y a echar a andar. Oh, oh, se
tomó el pelo el que te dije, la inmensa mayoría no ha entendido todavía esa
hermosa imagen, o la ha entendido y no alcanza a llevarla a la práctica, para
un Patricio o un Marcos hay toneladas como Andrés,
anclados en el París o en el tango de su tiempo, en sus amores y sus estéticas
y sus caquitas privadas, cultivando todavía una literatura llena de decoro y
premios nacionales o municipales y becas Guggenheim, una música que respeta la
definición de los instrumentos y los límites de su uso, sin hablar de las
estructuras y los órdenes cerrados, ahí está, todo tiene que ser cerrado para
ellas aunque después aplaudan muchísimo a Umberto Eco porque es lo que se usa”.
Julio Cortázar, Libro de Manuel
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