3 de febrero de 2018

Oso Castillo

Amigo, todavía tenemos veinte y somos almas perdidas en una pecera, rockeando, riendo. Amigo, el tiempo ha pasado y estamos viejos, parece que finalizando la existencia. Amigo, te busqué para el asado que conversamos entre todos, pero no sé adónde te fuiste. Y lloro, pero no por ti, sino por mí, por nosotros, porque no va a ser lo mismo sin ti en el asado, porque no vamos a poder reírnos del paso que hacías como manejando un camión que siempre me hacía reír tanto, aunque fuese repetido, era muy divertido, sería buena onda verte hacerlo de nuevo. Esos videos que hacíamos, de puras tonteras, pequeños sketches que eran lo más importante del mundo. Y me fui tanto tiempo. Y vuelvo y de pronto eres tú el que te vas. Y me temo que hay un vacío que queda entre nosotros, los que aún estamos aquí. Un sabor amargo, de la falta de tu risa. Amigo, yo pensé que las personas jóvenes no morían. Que las almas perdidas en una pecera seguían por años y años. Que no había final. Yo pensé que la existencia era algo inconmensurable. Yo pensé que los asados podían seguir siendo exactamente iguales a pesar del paso del tiempo. El año pasado, estaban todos, todo era igual, todos fueron. Yo pensé que podía volver una y otra vez y sentir ese gozo de reencontrarme con las personas a las que tanto quiero. Pero no tenía puta idea. Porque a veces no es posible. Porque el tiempo ha pasado y de pronto ya nada es como antes. Porque ahora sé que esos asados eran un privilegio, y que tú estarás haciendo el tuyo en otro lado, sin previo aviso. Ya no hay más asados. No de la misma manera. Ahora nos damos cuenta que era un privilegio. Que estábamos agradecidos sin darnos cuenta. Ahora nos damos cuenta que de lo triste aparecen cosas bonitas. Que pudimos abrazarnos mientras te despedíamos, y que esos abrazos siguen llenos de eso que siempre amamos, y que queda, a pesar del paso del tiempo. Te veo riendo de la ceremonia, molesto por no poder corregir algunos detalles de las anécdotas. Te veo tranquilo, porque un día hay que partir. Supongo que lo sabías, sin decirlo, por cómo afrontabas lo que iba apareciendo, por cómo disfrutabas los pequeños encuentros, los pequeños placeres, lo que importa, en definitiva. Sabías más de lo que dijiste, es evidente que sabías que había que partir un día. Te lo guardaste para ti. Y nosotros pensamos que los asados eran eternos. Y ahora cómo hacer. Ahora quién nos va a hacer reír. Volvemos a ser almas perdidas en una pecera. Pero ya no año tras año. Ahora sabemos que hay un final. Seremos almas perdidas en la pecera por un rato. Ahora sé que probablemente nunca dejamos de serlo. Fue una tregua. No entendíamos nada probablemente. Pero ahora sabemos algo. Ahora que ya no estás aquí estamos cerca unos de otros. Y ha sido tan bonito. Ha sido algo nuevo. Encontrarnos en la pecera, pero ya no perdidos, sino que agradecidos, de haberte conocido, de tanta alegría, de seguir aquí, de que la amistad sea algo maravilloso, y de que cada momento que queda es una posibilidad de reír y de saber que la amistad es un tesoro que puede curar cualquier herida. Amigo, amigos, amigas, hay algo que queda en el aire y no sólo está compuesto de almas perdidas. También hay valentía. La que veo en cada uno de nosotros. También hay algo mágico. Y fue eso que nos regalaste en tu despedida. Una comunión en lo que no muere. En la amistad, y en todo lo bonito que hemos vivido. No dijiste lo que sabías, pero da lo mismo, porque lo vimos, porque lo vivimos. Porque ahora sabemos que a veces los amigos parten, pero también sabemos que a veces se quedan, que existen, que están ahí si se requiere, que podemos seguir haciendo asados, y agradecer cada segundo de ellos. Ahora sabemos que la distancia y las diferencias no tienen nada que ver con la amistad, la que perdura, a pesar de los obstáculos, la que se fue forjando con años de ríos y de fuego. Con años de música y de baile. Oso, la cagaste con irte. Pero gracias, gracias, gracias. Por todo lo que vivimos juntos y por todo lo que nos enseñaste en un segundo. Por toda la fuerza que no sabíamos que teníamos. Por toda la fuerza que queda, para seguir, para dar la cara y disfrutar esta existencia efímera. Por todos los días que quedan hacia adelante. Por la magia del pasado y el poder del presente que ahora vemos. Deja tu risa, deja tu risa, te lo pido. Nos hará falta en los asados.

  

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