Amigo,
todavía tenemos veinte y somos almas perdidas en una pecera, rockeando, riendo.
Amigo, el tiempo ha pasado y estamos viejos, parece que finalizando la
existencia. Amigo, te busqué para el asado que conversamos entre todos, pero no
sé adónde te fuiste. Y lloro, pero no por ti, sino por mí, por nosotros, porque
no va a ser lo mismo sin ti en el asado, porque no vamos a poder reírnos del
paso que hacías como manejando un camión que siempre me hacía reír tanto,
aunque fuese repetido, era muy divertido, sería buena onda verte hacerlo de
nuevo. Esos videos que hacíamos, de puras tonteras, pequeños sketches que eran
lo más importante del mundo. Y me fui tanto tiempo. Y vuelvo y de pronto eres
tú el que te vas. Y me temo que hay un vacío que queda entre nosotros, los que
aún estamos aquí. Un sabor amargo, de la falta de tu risa. Amigo, yo pensé que las
personas jóvenes no morían. Que las almas perdidas en una pecera seguían por
años y años. Que no había final. Yo pensé que la existencia era algo inconmensurable.
Yo pensé que los asados podían seguir siendo exactamente iguales a pesar del
paso del tiempo. El año pasado, estaban todos, todo era igual, todos fueron. Yo
pensé que podía volver una y otra vez y sentir ese gozo de reencontrarme con
las personas a las que tanto quiero. Pero no tenía puta idea. Porque a veces no
es posible. Porque el tiempo ha pasado y de pronto ya nada es como antes. Porque
ahora sé que esos asados eran un privilegio, y que tú estarás haciendo el tuyo
en otro lado, sin previo aviso. Ya no hay más asados. No de la misma manera. Ahora
nos damos cuenta que era un privilegio. Que estábamos agradecidos sin darnos
cuenta. Ahora nos damos cuenta que de lo triste aparecen cosas bonitas. Que pudimos
abrazarnos mientras te despedíamos, y que esos abrazos siguen llenos de eso que
siempre amamos, y que queda, a pesar del paso del tiempo. Te veo riendo de la
ceremonia, molesto por no poder corregir algunos detalles de las anécdotas. Te veo
tranquilo, porque un día hay que partir. Supongo que lo sabías, sin decirlo,
por cómo afrontabas lo que iba apareciendo, por cómo disfrutabas los pequeños
encuentros, los pequeños placeres, lo que importa, en definitiva. Sabías más de
lo que dijiste, es evidente que sabías que había que partir un día. Te lo
guardaste para ti. Y nosotros pensamos que los asados eran eternos. Y ahora
cómo hacer. Ahora quién nos va a hacer reír. Volvemos a ser almas perdidas en
una pecera. Pero ya no año tras año. Ahora sabemos que hay un final. Seremos almas
perdidas en la pecera por un rato. Ahora sé que probablemente nunca dejamos de
serlo. Fue una tregua. No entendíamos nada probablemente. Pero ahora sabemos
algo. Ahora que ya no estás aquí estamos cerca unos de otros. Y ha sido tan
bonito. Ha sido algo nuevo. Encontrarnos en la pecera, pero ya no perdidos,
sino que agradecidos, de haberte conocido, de tanta alegría, de seguir aquí, de
que la amistad sea algo maravilloso, y de que cada momento que queda es una
posibilidad de reír y de saber que la amistad es un tesoro que puede curar
cualquier herida. Amigo, amigos, amigas, hay algo que queda en el aire y no
sólo está compuesto de almas perdidas. También hay valentía. La que veo en cada
uno de nosotros. También hay algo mágico. Y fue eso que nos regalaste en tu
despedida. Una comunión en lo que no muere. En la amistad, y en todo lo bonito
que hemos vivido. No dijiste lo que sabías, pero da lo mismo, porque lo vimos,
porque lo vivimos. Porque ahora sabemos que a veces los amigos parten, pero
también sabemos que a veces se quedan, que existen, que están ahí si se
requiere, que podemos seguir haciendo asados, y agradecer cada segundo de
ellos. Ahora sabemos que la distancia y las diferencias no tienen nada que ver
con la amistad, la que perdura, a pesar de los obstáculos, la que se fue
forjando con años de ríos y de fuego. Con años de música y de baile. Oso, la cagaste
con irte. Pero gracias, gracias, gracias. Por todo lo que vivimos juntos y por
todo lo que nos enseñaste en un segundo. Por toda la fuerza que no sabíamos que
teníamos. Por toda la fuerza que queda, para seguir, para dar la cara y
disfrutar esta existencia efímera. Por todos los días que quedan hacia adelante.
Por la magia del pasado y el poder del presente que ahora vemos. Deja tu risa,
deja tu risa, te lo pido. Nos hará falta en los asados.
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