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veces hay que partir. A veces puede ser apresurado. Pero qué sabemos. Casi
nada. Nada quizá. “El día se ha apagado todo tan lejano mi ropa mojada mi alma
cansada mis labios se han quedado con vos”. Veinte será suficiente para la
música. Veinte será suficiente para el ritmo. Veinte es definitivamente
suficiente para la existencia sin arrepentimiento. Para un corazón inflamado. “Siempre
miré a los ojos y así me recordarán Atravesaré el umbral Dejo mi corazón Reproduciendo
estos tiempos que fueron los mejores Al menos traté de hacerlo Gira la idea de
tiempo Para conseguir tus sueños, de ellos eres dueño Respeta a las mujeres sé
buen padre o buen solitario sé diferente logra con tus manos el cambio La
humildad siempre.” Y el día se ha apagado. La voz nunca se apaga. “Nunca dejes
que dominen tu mente Alerta Aprendiendo a desenredar nudos y las cuerdas que me
ahorcaban ahora son para saltar muros Ya se lo di todo y me he quedado pobre.”
A veces hay que partir. A veces puede ser apresurado. Pero qué sabemos. Casi
nada. Nada quizá. “Valorar el cariño y a quien estuvo ahí conmigo. Un adiós un
hasta pronto viví de buena forma no es triste pues no quiero que estés triste
la vida tiene su curso es natural esto de irse y si quieres llorar llora
purifica tu alma siento lo que me merezco por eso voy cantando sin mirar al
resto voy a gritar al viento”. Por eso sigues cantando. Por eso se escucha el
grito en el viento. Inunda la cordillera. Se desenredan los nudos. Y el que hay
en el espejo eres tú. Que reflejas. Con tus acordes. Que elevan. A esa
cordillera. Veinte renacimientos. Cien. Mil. Y eres tú en el espejo. Y es tu
voz. Y tu autoestima. Y la energía. Y el alma cansada brilla y deja la voz. Y
el alma expansiva recorre la cordillera. Y la voz. Y la mente libre. Y las
ganas que brillan. Y esa sonrisa preciosa. La misma de niño. Mirando hacia
arriba. Siempre hacia arriba. Y eres tú en el espejo. Siempre tú. Y la voz. Tu
voz. Que vuelve a encender el día. Y tu agradecimiento. Que sale por tu voz. Y
las cuerdas para saltar muros. Sin nudos. Todo desenredado. Una cordillera
nevada, reluciendo al sol. Y tu agradecimiento. Que sale por tu voz. Es como si
fueras tú en el espejo. Y la misma linda cara de niño y el alma ilimitada. Y tu
voz que vuelve a encender el día. Matías, te llevas algo, sin llevártelo. Y tu
voz vuelve a encender el día. Parte. Sigue saltando muros. Deja tu voz. Y
vuelve a encender el día.
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