5 de febrero de 2018

Matías Collarte Orlandi

A veces hay que partir. A veces puede ser apresurado. Pero qué sabemos. Casi nada. Nada quizá. “El día se ha apagado todo tan lejano mi ropa mojada mi alma cansada mis labios se han quedado con vos”. Veinte será suficiente para la música. Veinte será suficiente para el ritmo. Veinte es definitivamente suficiente para la existencia sin arrepentimiento. Para un corazón inflamado. “Siempre miré a los ojos y así me recordarán Atravesaré el umbral Dejo mi corazón Reproduciendo estos tiempos que fueron los mejores Al menos traté de hacerlo Gira la idea de tiempo Para conseguir tus sueños, de ellos eres dueño Respeta a las mujeres sé buen padre o buen solitario sé diferente logra con tus manos el cambio La humildad siempre.” Y el día se ha apagado. La voz nunca se apaga. “Nunca dejes que dominen tu mente Alerta Aprendiendo a desenredar nudos y las cuerdas que me ahorcaban ahora son para saltar muros Ya se lo di todo y me he quedado pobre.” A veces hay que partir. A veces puede ser apresurado. Pero qué sabemos. Casi nada. Nada quizá. “Valorar el cariño y a quien estuvo ahí conmigo. Un adiós un hasta pronto viví de buena forma no es triste pues no quiero que estés triste la vida tiene su curso es natural esto de irse y si quieres llorar llora purifica tu alma siento lo que me merezco por eso voy cantando sin mirar al resto voy a gritar al viento”. Por eso sigues cantando. Por eso se escucha el grito en el viento. Inunda la cordillera. Se desenredan los nudos. Y el que hay en el espejo eres tú. Que reflejas. Con tus acordes. Que elevan. A esa cordillera. Veinte renacimientos. Cien. Mil. Y eres tú en el espejo. Y es tu voz. Y tu autoestima. Y la energía. Y el alma cansada brilla y deja la voz. Y el alma expansiva recorre la cordillera. Y la voz. Y la mente libre. Y las ganas que brillan. Y esa sonrisa preciosa. La misma de niño. Mirando hacia arriba. Siempre hacia arriba. Y eres tú en el espejo. Siempre tú. Y la voz. Tu voz. Que vuelve a encender el día. Y tu agradecimiento. Que sale por tu voz. Y las cuerdas para saltar muros. Sin nudos. Todo desenredado. Una cordillera nevada, reluciendo al sol. Y tu agradecimiento. Que sale por tu voz. Es como si fueras tú en el espejo. Y la misma linda cara de niño y el alma ilimitada. Y tu voz que vuelve a encender el día. Matías, te llevas algo, sin llevártelo. Y tu voz vuelve a encender el día. Parte. Sigue saltando muros. Deja tu voz. Y vuelve a encender el día.

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