Con mi amiga Piedad estamos en la mitad de la vida. De esa mitad más de la mitad la hemos pasado juntas. Nos conocimos a los diecisiete años en la facultad de derecho. En un pasillo de la facultad, de un segundo piso, cómo te llamas, etc. Le dije, es la primera vez que conozco a alguien que se llama Piedad. Fue la primera vez de otras cosas también. Exageraciones que nos llevaban a caernos al suelo de la risa, con esa risa estruendosa de la Piedad que me hacía tan feliz, la primera vez de una complicidad inextinguible, de una admiración sin límites, de unas ganas de explorar todas las aristas de relacionarse y ser feliz, vibrar con la existencia. La Piedad tiene una sabiduría vital que sabe disfrutar todo lo bello que ha sido puesto a su alcance, igual como sabía hacerlo su madre, Montserrat, y sabe hacerlo su compañero, Francisco, y su hermana, Macarena. Personas todas que quiero y admiro sin límites. Han sido también siempre una familia para mí. Porque Piedad la hace a una siempre sentirse en casa, siempre sentirse como que uno llegó a algún lado, a algún lugar importante, a algo que va a modificarte para siempre, la esencia de habitar los días a lo que existir se refiere. Al escuchar su nombre fue inmediatamente una casa, una promesa segura de aventuras por venir. Vinieron, siguen viniendo, desde hace casi treinta años. Porque con la Piedad todo es gozo, reírse, disfrutar, profundizar en todo lo relevante de este pasatiempo extraño en el que intentamos sacar cosas en claro, intentamos que quede algo, de esta velocidad intimidante. La Piedad no se intimida, la valentía es clave. Ahora con los pies en la arena y mirando el mar, sabemos que llegamos a algún lado. Que siempre estamos llegando. Que la mitad de la vida es extraña, pero serena, que acompañadxs es siempre revelación fantástica. Es imposible aburrirse un solo segundo con alguien tan inteligente, interesante, y con un sentido del humor tan agudo. La Piedad lo ha modificado todo, su existencia, y la de tantas personas, en tantos sentidos. Para todas partes con su perra Chabuca, motivo de alegría constante y amor incondicional. Creo que ese nombre que escuché fue la suerte que se anunciaba. A veces sucede, se produce la alquimia, las personas se encuentran y es la fiesta absoluta. Creo que la suerte es lo mejor que la vida me ha entregado en esta mitad que hemos ya transitado, la bienaventuranza de encontrarme con estas personas que entienden de qué se trata vivir, aunque haya que repasar a cada instante cómo llevarlo a cabo de la mejor manera posible. Poder celebrar con ellxs es un regalo que atesoro, porque me hace vivir, me hace querer seguir motivada para la mitad que viene. Un impulso de vida. Sigue cumpliendo tus sueños Piedad, porque nos has ayudado tanto a cumplir los nuestros, mi alegría contiene tu nombre y tu entusiasmo por vivir, tu apoyo incondicional en los proyectos importantes, que hemos llevado a cabo juntas, los proyectos de cada una, que hemos llevado a cabo acompañadas. Que esta mitad de la vida que se presenta sea la culminación de una vida de milagro que te has construido con pasión e inteligencia. Gracias es una palabra pequeña para expresar lo que he vivido contigo, que se materialice la epifanía completa que vienes soñando y armando, todo ha tenido un sentido mágico, como el que imprimía tu madre en todo, junto al mar y al amor, muy feliz cumpleaños.
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