19 de febrero de 2025

Sol y música

Sol y música es todo. Y las palabras, y el amor. Vivir. Qué es vivir, qué es vivir, qué es vivir. El amor es mi droga. El sol es mi droga. La música. Un día de febrero en el hemisferio norte, y el sol se decidió a salir. Observo el río y los reflejos del sol en el agua mientras tomo un café. Es un momento propicio tal vez para saber qué es vivir. Tal vez sólo sentir el sol en la piel y escuchar música. Tomar un café y mirar el río. Escribir, escribir. Tal vez sólo se trata de amar a la humanidad y no destruirla. De comprender lo sagrado de la oportunidad de estar aquí en estos parajes de ensueño. De respetar a todos los seres vivos. Recibo dos mensajes de personas que no conozco esta mañana. En uno me envían la portada de un libro de Lou Andreas-Salomé, El erotismo, una portada preciosa, de colores rosado y rojo, y un pájaro. Me llama la atención porque es una autora que pensaba leer pronto, de hecho, compré algunos libros hace poco. El mensaje dice lo siguiente: Experimentamos el fenómeno que reconocen los amantes que aún no lo son: no se tocan, pero sienten la carga, el espacio entre ellos está lleno de energía, la chispa, el baile, el movimiento. Fin. Siguiente mensaje, observo el remitente, me parece que es una persona que estuvo en pareja o algo así con mi ex marido luego de que nos separamos. Leo el mensaje: Buenos días Sra. Balart: Me pregunto qué la ha llevado a insultar el apellido de mi familia y a burlarse de mi hija y de mi búsqueda. Mis padres viven en Vienne, usted ni siquiera había nacido... ¿quién es usted? una persona invasiva... habría sido más prudente conocernos antes de escribir. Atentamente. C. Fin del mensaje. Pienso, se equivocó, alguien le escribió algo y pensó que ese mensaje era de mi autoría. Luego me quedo un momento más pensando a qué podrá referirse, y recuerdo haberla mencionado en unas conversaciones privadas con Jean por la mensajería, a propósito de unas reacciones que puso en una publicación de Jean. Voy al historial de conversaciones privadas con Jean, y efectivamente, la mencioné el año 2022, esto es, hace tres años. Entonces caigo en cuenta de la sola hipótesis posible, que ella debe haber estado leyendo, a espaldas de Jean, por supuesto, nuestras conversaciones privadas, quizá desde cuándo, o quién sabe cuándo. Qué situación más extraña. Le escribo a Jean y le envío el mensaje, ¡hola!, me llegó esto, le digo, ¿qué es?, ¿quién es?, ¿fue tu pareja?, ¿le muestras nuestras conversaciones?, ¡un beso! Lo llamo, me contesta muy alegre, lo saludo con mucho cariño, mira tu mensajería, le digo, de acuerdo, dice, después hablamos, respondo, un beso. Al rato me escribe, ¡sorprendente!, dice, no pongas atención a esto, me dice Jean. De acuerdo, le respondo, gracias. Sigo observando el sol en el río. Escuchando música. Dejo el incidente de lado, no quiero distraerme. Pero como en la vida todo se mezcla, dejo de lado lo que pensaba redactar y escribo esto. Tal vez vivir es manejar constantemente las emociones propias y ajenas. Intentar seguir una línea y observar lo que va ocurriendo. Recibir mensajes inesperados o delirantes, molestos o alegres, ridículos o tristes. Todo se trata sobre no perder el sur. Sobre sol, y música, y amor, y literatura, y a veces delirio. 

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