1 de febrero de 2025

La red de la resistencia II

Nos decimos, lo grande, lo grande, lo estable, y luego, para qué. Para qué todo eso. Misterio. El eterno retorno. Hundirse. Los boletos, los abonos, las inscripciones. La apariencia de estabilidad y homogeneidad del mundo es lo que nos va destruyendo. A veces destruyo. El punto neutro de la perplejidad. Del desafío constante. Me enfrento cara a cara con el presente. Qué versos estás redactando, le digo. Cuán frío es tu acercamiento a las cosas. Cuánto vas a sumergirnos. Busco la música. Observo el sur. El sur que me fijé. Crece un poco, Lisa, me digo. Haz lo que tienes que hacer. Concéntrate. Cuántas cosas hacemos para evadir nuestro sur. Qué significado tienen. Elegimos cárceles. Pasatiempos que escondan la planicie. Perdemos el preciado tiempo miserablemente mientras nos preguntamos de qué se trata esto. Mientras observamos devastadxs la hecatombe. Funcionar es un esfuerzo enorme y no sabemos por dónde continuar. Miramos el plano completo buscando respuestas. Las delimitaciones de ese mapa absurdo. Al final son treguas, pequeñas treguas, pero el afán es inmenso. La necesidad de creer en algo grande, en algo estable, que nos haga olvidar este caos. Nos volcamos a leer a otrxs que navegaron. Que supieron levantar la vela en la tormenta. A qué costo. Que supieron leer el presente sin hundirse. A qué costo. Por ahí habrá una sugerencia. Una idea que me levante. Un verso que me queme. Un impulso que me saque del pantano. Una razón temporal para seguir practicando el arte de surfear las olas. Quise navegar. A qué costo. Las olas, las olas. La intemperie feminista es pesada e ineludible. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario