La ciudad me pertenece, tan íntimamente
Tenemos largas conversaciones
No me importa que se entregue a otros
También es mía
Le pregunto cómo va el día
Cuántos muelles ha ahogado hoy la lluvia
Acaricio sus avenidas con mis pies
Respiro su aire que me llena los pulmones
Cuánto tiempo estuve esperándola
Cuánto quise su amistad
Me habla en su lengua que es la no-lengua
Gestos, detalles
Nos comunicamos tan estrechamente
Me invita a admirar su río que ha absorbido todo a su paso
El aguacero la ha sumido bajo el agua
El caudal abundante se lleva el invierno
Me presenta su primera flor
Sonríe de que el frío se bata en retirada
Echa en falta a sus habitantes en las terrazas
La conversación, la algarabía, parecen haberse esfumado
No sabe qué ha pasado con sus cines y sus teatros
La estación de trenes parece ser el lugar para dialogar al abrigo del viento
Sus trenes aún circulan sin atreverse a llegar muy lejos
Pero en sus entrañas duerme la inmortalidad
Sabe que si partimos, otros probablemente llegarán
Y ella, simplemente, seguirá
Le propongo que sea mía, por un momento, por un momento
Habitar es pertenecer
Caminar es habitar
La ciudad propia y las ciudades ajenas
Que forman una sola indisociable a las miradas
Al abrigo de la apatía y el desamor.
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