19 de marzo de 2020

Ser mujer es como vivir en una ciudad afectada por un gran virus

Ser mujer es como vivir en una ciudad afectada por un gran virus.
Puedes salir de lo que se espera de ti, a riesgo de ser golpeado o muerto.
Puedes lavarte y quizá no sea a ti quien te toque.
Puedes tratar de discutir con el virus, pero éste te pasa por encima si tiene la oportunidad.
Puedes crear a la luz del sol, y quizá, sólo quizá, salgas con vida.
Se te propone que te quedes en la casa.
Se te propone que te hagas cargo de los niños.
Pero tú has recorrido siempre las grandes avenidas.
Te detuvieron en la calle, te preguntaron por qué no estabas en tu casa.
Te obligaron a responder. Estimaron que tu respuesta no era suficiente.
Te interpelaron a que volvieras a tu lugar. Intentaste zafar.
Te quedaba una opción. Irte a las montañas.
Donde hay otros códigos. Creaste tus propias reglas.
Veías morir a los demás en la ciudad desde tu refugio a distancia.
Te sentías culpable. Porque tú no estabas muriendo.
Quisiste caminar por esas calles y no atrapar la plaga.
Había que elegir. La muerte o el confinamiento.
NO SE PUEDE VIVIR EN LA CIUDAD CON EL VIRUS.
Viste la frase en la pared. La escribiste tú mismo.
Acumulas fuerza. Acumulas rabia. Acabarás con la amenaza y el látigo.
EL FIN DE LA CUARENTENA ES EL FIN DE LA MISOGINIA.

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