11 de julio de 2019

Para Margarita


La existencia se balanceaba, como suele hacerlo. De un lado a otro. Meteoritos que siempre llegan, trayendo sorpresas, trayendo emoción, trayendo desazón. Siempre tan conectados con la muerte, está tan presente, por todos lados. Haciéndonos conscientes de nuestra fugacidad. De ese afán de fuga que tiene la vida. Siempre intentando irse. Para darnos la noción clara de que el estar aquí tiene condiciones. Limitaciones. Que tan pronto nacemos se nos muestra disponible un cierto tiempo que además es incierto. Esa incerteza es la que cala los huesos, la que tempera el ánimo. La que hace del pasar una alegría, algo lleno de movimiento y descubrimientos. Algo lleno de sorpresas.

Ahí estábamos, buscándole sentido a todo esto. Y sin preguntarle a nadie:
Llegó Margarita.
Y todo se detuvo. Para luego acompasarse a ese bello movimiento que es la vida. Pero ya nada es igual. Porque ella está aquí. Porque ella quiere ser feliz sin saberlo. Quiere existir solamente. Quiere estar calentita, arropada, junto a los suyos, dormir, comer, quiere jugar con su hermana, quiere que la existencia sea algo celeste. Y ahí tan tranquila está, y nosotros la admiramos. Es un milagro. Está llena de vida y es tan bonita. Es mágica. Tiene la cualidad de los seres del bosque, pequeñita, sagrada. Es un llamado de atención que no se piensa, se siente. Margarita está aquí y ya nada es igual. Porque ella está aquí. Porque el universo a veces nos bendice y nos trae un regalo como ella. Algo perfecto junto a toda la perfección disponible. Una perfección frágil y hermosa. Una perfección que no es tal porque es tan pequeñita y grande al mismo tiempo. Una fuente de vida y de belleza. La alegría en su máxima expresión. Ella está aquí y nosotros queremos cuidarla. Queremos que sea feliz. Queremos darle toda esa paz que tenemos. Todo el amor que conocemos. Todo el amor que otros nos han dado. Todo el amor que sentimos. Lo dejamos junto a su cuna. Para que ella vaya tomándolo a medida que su alma estime conveniente.

Un niño es la posibilidad de ver la libertad. Un niño es la libertad misma. Es el presente de una promesa de paraíso. De pompas de jabón que flotan en un cielo despejado. Algo liviano, etéreo, algo suave, aéreo. Una fuerza capaz de derrocar cualquier contradicción. Algo puro, como lo que sentimos conversando con alguien sin frenos. Quizá no conocía amor así. Pero no tiene límites. Agustina y Margarita son estrellas. Son ojos en el corazón que lo hacen todo más bonito. Es el amor sin demarcaciones. Es la posibilidad de olvidarse de todo. Y entregarse. A esa inocencia sagrada. A esa posibilidad de reír sin límites. A un mundo fantástico plagado de belleza. De originalidad. Un mundo lleno de entusiasmo. Lleno de sorpresas. Un mundo lleno de inteligencia bondadosa, la verdadera inteligencia. Lleno de ingenio. Un mundo marcado por la improvisación y la intuición. Un gozo sin final.

Margarita, bienvenida a este mundo. Agustina y Margarita, que la tierra sea benevolente con estos dos diamantes que quieren estar aquí en armonía. Agustina y Margarita, la existencia se reverencia ante tal regalo, la existencia agradece estas piedras preciosas interrumpiendo el ciclo, la vida, amiga íntima de la muerte, se pone en acción para dejarlas florecer. Agustina y Margarita, estamos aquí para ustedes. Que empiece la fiesta. Que el baile y el canto no nos abandonen nunca. Que la fuerza de nuestras abuelas llegue también a estos dos tesoros, que tuvimos la suerte de encontrar bajo un árbol frondoso, exuberante y tan sereno. Que ese amor que recibimos siga hasta ustedes, en una línea de belleza y de fuerza que todo lo puede colorear. Agustina y Margarita, gracias por venir, todo es tanto más entretenido. No hay límites.

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