12 de julio de 2017

La muerte que se parece a la vida

La muerte que se parece a la vida
(Barcelona, 2013)

A veces se abre una pequeña caja y aparecen grandes cantidades de piel, con un aroma que se adhiere a ella. Las paredes se resquebrajan, y ya no es posible componerlas. Buscas a tientas por la habitación, algo que te resguarde del torbellino. Pero lo que rozas son unas piernas, tibias, y deslizas suavemente tus dedos por ellas. De pronto la cintura, desnuda al momento. Quieres detenerte ahí, pero la pasión mortal se instala en tu pecho. La vida ya no te importa, lo único trascendente es continuar, como una condena inexorable. Sacudes tu cabeza para recordar cómo era la vida, pero lo único que existe son sangre y huesos. Un corazón que palpita a una velocidad arrolladora y violenta. De pronto te acunan unos gemidos, dándote un respiro. Pero la verdad es que el pasado y el futuro se han difuminado. Sientes una lengua húmeda que se desliza por tu cuello. Sientes que la vida es esto y no hay nada más. Entonces se instala la muerte en tu corazón y se adueña del espacio, como una bella catarsis. Despiertas y ya no hay nada ahí. La habitación está vacía y los autos circulan por la calle. Las recorres en busca de la vida. Porque una vez estuvo en ti. Porque antes era fácil dirigirse a algún lugar. Pero el tiempo ha quedado detenido, las caras de la gente ya no tienen sentido. Preguntas cómo llegar a casa pero sólo obtienes muecas de incomprensión. Todo ha quedado al revés, los caminos tienen la dirección opuesta. La muerte incubada en tu corazón distorsiona todo. Invade cada poro de tu piel. Te sientas en un banco a esperar un milagro. Recuerdas la pequeña caja que una vez abriste. Solo queda una solución, matar a la muerte. Devolver los edificios a su sitio. Transcurren un par de días, sigues sentado en el mismo lugar. Buscas a la muerte para acabar con ella. Sabes que está dentro de ti, pero sientes como que hubiese invadido todo el lugar. De pronto la encuentras, pero se parece mucho a la vida. Casi son lo mismo. Te entregas a ella, en un viaje que se parece a un paréntesis donde todo es posible. La montaña rusa sube y baja, tantas veces que te elevas en un éxtasis confuso, asfixiante y sobrenatural. Te cautiva lo desconocido y ya no puedes parar. La caja ha quedado abierta en tu velador. Te lanzas montaña abajo. No hay otra forma de vivir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario