Lo
invitaron a Maitencillo, pero él quería ir a Concón. Vivía en el desierto, pero
soñaba con la Patagonia. Le gustaban los autos, pero lo único que lo llevaba a
todos lados era su bicicleta. Quería ser cartero, pero nunca había salido del
almacén, ese que está en la esquina, sí. Le gustaba el asado, pero no sabía más
que hacer empanadas. No tenía muchos amigos, pero prometía que recorrería de
Arica a la Antártica en su bicicleta conociendo amigos de todos los rincones. Siempre
fue gordo, pero juraba de guata que más temprano que tarde su cuerpo sería como
el de esos que salen en las telenovelas. Pobre, siempre estaba llevando la
contra y peleándola contra el destino. Contreritas, le decían. Así mismo
terminó. Ahogado en el Zanjón de la Aguada, cuando lo que quería era tirarse al
Mapocho.
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